Animitas
Animitas de barrio se construye como un recorrido por pequeños altares de memoria y fe popular insertos en la vida cotidiana. Son espacios donde la ausencia se convierte en presencia y cuidado colectivo. Durante mi infancia, siempre acompañaba a mi abuelo a la animita ubicada en la esquina de su casa. Cada vez que quedaba cesante, encendía una vela en silencio. En este recorrido, repito ese gesto en cada animita que fotografío, no para pedir algo, sino como un acto de recuerdo, en diálogo con su ausencia y en continuidad con su camino.
Calles Vacías
Las calles vacías durante la noche funcionan aquí como un territorio de incertidumbre. La ausencia de personas y de movimiento no habla de un final, sino de una espera indefinida. Son escenarios donde la soledad no afirma nada y donde la vida no se detiene, pero tampoco revela su rumbo. La noche acentúa esa ambigüedad, invitando a reflexionar sobre aquello que no tiene respuestas claras, sobre la fragilidad de nuestras certezas y sobre un presente que existe sin promesas ni destino evidente.
Op Art
Las imágenes emergen desde una zona ambigua, donde lo real y el engaño se confunden, provocando un conflicto entre la apariencia y aquello que permanece oculto. A partir de estructuras del Metro —símbolo de progreso, orden y disciplina— utilizo el Op-Art para crear ilusiones de movimiento en imágenes estáticas, evidenciando lo fácil que resulta manipular aquello que creemos ver. Si es tan fácil engañar a los ojos, tradicional emblema de la objetividad, cuánto más sencillo resulta manipular otras dimensiones más subjetivas de nuestra existencia. Las creencias sostienen el orden, no siempre la verdad.
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